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    Entradas populares de este blog

    Golosinas de Mario de Andrade

    Conté mis años y descubrí
    que tengo menos tiempo
    para vivir de aquí en adelante
    que el que viví hasta ahora...

    Me siento como aquel chico
    que ganó un paquete de golosinas:
    las primeras las comió con agrado
    pero, cuando percibió
    que quedaban pocas,
    comenzó a saborearlas profundamente.

    Ya no tengo tiempo
    para reuniones interminables
    donde se discuten estatutos,
    normas, procedimientos
    y reglamentos internos
    sabiendo que no se va a lograr nada.

    Ya no tengo tiempo
    para soportar absurdas personas
    que, a pesar de su edad cronológica,
    no han crecido.

    Ya no tengo tiempo
    para lidiar con mediocridades.
    No quiero estar en reuniones
    donde desfilan egos inflados.
    No tolero a maniobreros
    y ventajeros.

    Me molestan los envidiosos,
    que tratan de desacreditar
    a los más capaces,
    para apropiarse de sus lugares,
    talentos y logros.

    Detesto, si soy testigo,
    de los defectos que genera
    la lucha por un majestuoso cargo.
    Las personas no discuten contenidos,
    apenas los títulos.…

    Eduardo Kingman el pintor de las manos

    Kingman supo encontrar en las manos, toda la simbolización de los más variados sentimientos humanos: angustia, ternura, piedad, ira, impotencia e injusticia.



    Además la obra de Eduardo Kingman es valiosa por el tratamiento del tema indigenista, por su autenticidad, y del tema social en general, por su entendimiento de las relaciones humanas a partir de la intimidad familiar.


    Los Guandos Representa una de las maneras de transporte de carga que hacían nuestros indígenas como parte del gran y fuerte trabajo al que eran obligados hacer desde tiempos inmemorables, esto comúnmente se realizaba en la parte andina del Ecuador, y con mayor apogeo con la llegada europea que sin ningún tipo de lastima hacían que los guandos trabajen casi hasta su muerte.

    Esta pintura nos muestra el maltrato que con frecuencia se daba con los trabajadores de las haciendas españolas, marcas causadas por latigazos son el recuerdo de un mundo lleno de injusticia.








    Su obra retrata las mas hondas aflicciones humanas.


    El beso de Eduardo Galeano-microcuento

    Antonio Pujía eligió, al azar, uno de los bloques de mármol de Carrara que había ido comprando a lo largo de los años.
    Era una lápida. De alguna tumba vendría, vaya a saber de dónde; él no tenía la menor idea de cómo había ido a parar a su taller.
    Antonio acostó la lápida sobre una base de apoyo, y se puso a trabajarla. Alguna idea tenía de lo que quería esculpir, o quizá no tenía ninguna. Empezó por borrar la inscripción: el nombre de un hombre, el año del nacimiento, el año del fin.
    Después, el cincel penetró el mármol. Y Antonio encontró una sorpresa, que lo estaba esperando piedra adentro: la veta tenía la forma de dos caras que se juntaban, algo así como dos perfiles unidos frente a frente, la nariz pegada a la nariz, la boca pegada a la boca.
    El escultor obedeció a la piedra. Y fue excavando, suavemente, hasta que cobró relieve aquel encuentro que la piedra contenía.
    Al día siguiente, dio por concluido su trabajo. Y entonces, cuando levantó la escultura, vio lo que antes no hab…