Ir al contenido principal

Todas las vidas de Cora Coralina





Vive dentro de mí
una mestiza vieja
de mal de ojo,
de cuclillas al lado del brasero,
mirando el fuego.
Bendice las penas.
prepara hechizos…
Ogum. Orixá.
Macumba, terreiro.
Ogã, pai-de-santo…


Vive dentro de mí
la lavandera del rio Vermelho,
Su rico perfume
de agua y jabón.
Soporte de trapo.
Fardo de ropa,
piedra de anil.
Su corona verde de San Cayetano.

Vive dentro de mí
la mujer cocinera.
Pimienta y cebolla.
Manjar bien hecho.
Olla de barro.
Tapia de madera.
Cocina antigua
toda ennegrecida.
Con racimos de tela de arañas.
Piedra puntuda.
Mortero de coco.
Pisando ajo y sal.

Vive dentro de mí
una mujer del pueblo.
Bien proletária.
Bien charlatana,
desengañada, sin preconceptos,
grosera,
de ojotas,
y llena de hijos

Vive dentro de mí
la mujer campesina.
-Injerto de la tierra,
medio cabeza dura.
Trabajadora.
Madrugadora.
Analfabeta.
Descalza.
Buena para dar a luz.
Buena para criar hijos.
Sus doze hijos.
Sus veinte nietos.

Vive dentro de mí
una mujer de la vida.
Mi hermanita…
tan despreciada,
tan murmurada…
Fingiendo alegre su triste canción.

Todas las vidas dentro de mí:
En mi vida-
la mera vida de las obscuras.



Cora Coralina (1889-1985 Brasil) [Ana Lins dos Guimarães Peixoto] fue una poeta brasileña, considerada una de las más grandes del siglo XX en idioma portugués.
Sus libros más conocidos son Poemas dos becos de Goiás e estorias mais y Estorias da Casa Velha da Ponte.
Escribió sobre la situación de la mujer, la vida en el Estado de Goiás, la pobreza del Nordeste brasileño y el misterio de los ritos afrobrasileños.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Golosinas de Mario de Andrade

Conté mis años y descubrí
que tengo menos tiempo
para vivir de aquí en adelante
que el que viví hasta ahora...

Me siento como aquel chico
que ganó un paquete de golosinas:
las primeras las comió con agrado
pero, cuando percibió
que quedaban pocas,
comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo
para reuniones interminables
donde se discuten estatutos,
normas, procedimientos
y reglamentos internos
sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo
para soportar absurdas personas
que, a pesar de su edad cronológica,
no han crecido.

Ya no tengo tiempo
para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones
donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros
y ventajeros.

Me molestan los envidiosos,
que tratan de desacreditar
a los más capaces,
para apropiarse de sus lugares,
talentos y logros.

Detesto, si soy testigo,
de los defectos que genera
la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos,
apenas los títulos.…

Eduardo Kingman el pintor de las manos

Kingman supo encontrar en las manos, toda la simbolización de los más variados sentimientos humanos: angustia, ternura, piedad, ira, impotencia e injusticia.



Además la obra de Eduardo Kingman es valiosa por el tratamiento del tema indigenista, por su autenticidad, y del tema social en general, por su entendimiento de las relaciones humanas a partir de la intimidad familiar.


Los Guandos Representa una de las maneras de transporte de carga que hacían nuestros indígenas como parte del gran y fuerte trabajo al que eran obligados hacer desde tiempos inmemorables, esto comúnmente se realizaba en la parte andina del Ecuador, y con mayor apogeo con la llegada europea que sin ningún tipo de lastima hacían que los guandos trabajen casi hasta su muerte.

Esta pintura nos muestra el maltrato que con frecuencia se daba con los trabajadores de las haciendas españolas, marcas causadas por latigazos son el recuerdo de un mundo lleno de injusticia.








Su obra retrata las mas hondas aflicciones humanas.


El beso de Eduardo Galeano-microcuento

Antonio Pujía eligió, al azar, uno de los bloques de mármol de Carrara que había ido comprando a lo largo de los años.
Era una lápida. De alguna tumba vendría, vaya a saber de dónde; él no tenía la menor idea de cómo había ido a parar a su taller.
Antonio acostó la lápida sobre una base de apoyo, y se puso a trabajarla. Alguna idea tenía de lo que quería esculpir, o quizá no tenía ninguna. Empezó por borrar la inscripción: el nombre de un hombre, el año del nacimiento, el año del fin.
Después, el cincel penetró el mármol. Y Antonio encontró una sorpresa, que lo estaba esperando piedra adentro: la veta tenía la forma de dos caras que se juntaban, algo así como dos perfiles unidos frente a frente, la nariz pegada a la nariz, la boca pegada a la boca.
El escultor obedeció a la piedra. Y fue excavando, suavemente, hasta que cobró relieve aquel encuentro que la piedra contenía.
Al día siguiente, dio por concluido su trabajo. Y entonces, cuando levantó la escultura, vio lo que antes no hab…