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Mostrando entradas de abril, 2015

Todas las vidas de Cora Coralina

Vive dentro de mí
una mestiza vieja
de mal de ojo,
de cuclillas al lado del brasero,
mirando el fuego.
Bendice las penas.
prepara hechizos…
Ogum. Orixá.
Macumba, terreiro.
Ogã, pai-de-santo…


Vive dentro de mí
la lavandera del rio Vermelho,
Su rico perfume
de agua y jabón.
Soporte de trapo.
Fardo de ropa,
piedra de anil.
Su corona verde de San Cayetano.

Vive dentro de mí
la mujer cocinera.
Pimienta y cebolla.
Manjar bien hecho.
Olla de barro.
Tapia de madera.
Cocina antigua
toda ennegrecida.
Con racimos de tela de arañas.
Piedra puntuda.
Mortero de coco.
Pisando ajo y sal.

Vive dentro de mí
una mujer del pueblo.
Bien proletária.
Bien charlatana,
desengañada, sin preconceptos,
grosera,
de ojotas,
y llena de hijos

Vive dentro de mí
la mujer campesina.
-Injerto de la tierra,
medio cabeza dura.
Trabajadora.
Madrugadora.
Analfabeta.
Descalza.
Buena para dar a luz.
Buena para criar hijos.
Sus doze hijos.
Sus veinte nietos.

Vive dentro de mí
una mujer de la vida.
Mi hermanita…
tan desprecia…

El beso de Eduardo Galeano-microcuento

Antonio Pujía eligió, al azar, uno de los bloques de mármol de Carrara que había ido comprando a lo largo de los años.
Era una lápida. De alguna tumba vendría, vaya a saber de dónde; él no tenía la menor idea de cómo había ido a parar a su taller.
Antonio acostó la lápida sobre una base de apoyo, y se puso a trabajarla. Alguna idea tenía de lo que quería esculpir, o quizá no tenía ninguna. Empezó por borrar la inscripción: el nombre de un hombre, el año del nacimiento, el año del fin.
Después, el cincel penetró el mármol. Y Antonio encontró una sorpresa, que lo estaba esperando piedra adentro: la veta tenía la forma de dos caras que se juntaban, algo así como dos perfiles unidos frente a frente, la nariz pegada a la nariz, la boca pegada a la boca.
El escultor obedeció a la piedra. Y fue excavando, suavemente, hasta que cobró relieve aquel encuentro que la piedra contenía.
Al día siguiente, dio por concluido su trabajo. Y entonces, cuando levantó la escultura, vio lo que antes no hab…

Rayuela Capítulo 1 de Julio Cortázar

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.

Pero ella no estaría ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel se asomaría a viejos portales en el ghetto del Marais, quizá estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de Sebastopol.…